viernes, 26 de julio de 2013

Te besaré los labios para que valga la pena.

Cuando vea tu alma
quedaré ciego.

Cuando toque tu cuerpo y
mis manos desaparezcan
te besare los labios 
para que mi muerta
valga la pena.

Yo estaré esperando.

Cuando la luz abandoné al mundo,
yo estaré esperando convertido en alguna sombra.
Cuando el agua se haya ido para siempre,
yo estaré esperando en la hierba marchita.

Yo estaré esperando 
cuando te des cuenta
que ya nadie te espera.

Poema de media noche.

El aire pesado es un suspiro
que te guardé en mi pecho
ahora brota por mi boca
una palabra ingrata.

Amor de media noche...
No me dejes solo
que este sea el sueño
con el que todos soñamos.

Animales salvajes que la boca besan
estrellas fugaces que llegan a la frontera de los labios
con una lágrima de recompensa.

No me dejes amor de media noche
que tu indomable sentimiento
recorra mis desiertos.
Que encuentre en mi ser los oasis
¡que no muera en las arenas del tiempo eterno!

Dama sin nombre.

Seres sin conciencia -animales de la nada-
se adentran en el territorio prohibido: La noche.
Se acobijan del sórdido abrigo del silencio.

Caminan por los senderos de la muerte, sin temerla.
Juegan con sus cabellos oscuros
bañados con la ya extinta luz del día.

El hogar inocuo 
de las almas desterradas del paraíso.
Este cielo, mi cielo, mi infierno.

¿Quién perturba esta paz?
¿Mi sangre fluyente de poesía?
¿Mi espíritu negándose a la esperanza?

Allá aguarda el crepúsculo
más allá de la frontera del olvido.
Tu memoria, mi memoria, ya no existe.

No somos cuerpos, sino aliento
de la dama sin nombre que nosotros llamamos: Noche.

sábado, 20 de julio de 2013

El mar a media noche.

Aliento cetáceo, la brisa marina
que sopla del norte.
Mientras allá en el horizonte
se esconden las sirenas.

Viene su eco buscando mi oreja
para llamarme: Cobarde
por no lanzar mi animal cuerpo
a nuestro inevitable encuentro.

Hálito de Poseidón tocando en la oscuridad
mientras caracoles se esconden bajo la piedra
implorando misericordia, implorando piedad.
Como cualquier cobarde, no importa dónde 
viene la implacable fuerza del mar
a hacerles pagar las súplicas imperdonables.

martes, 11 de junio de 2013

Arrullo.


La fría brisa anuncia la noche
Paraíso, edén, atlántida...
Corro a su encuentro
dueña de los insomnios
madre de los suicidas.
¡Los ojos de la noche me miran!
los grillos ya no cantan
hablan, susurran...
yo voy a su encuentro
y me encuentro.
La noche me arrullo esta noche.

Cómo se rompe el silencio.


Con una mirada nacida de alma,
con una sonrisa,
que se ahoga en la melancolía.
El silencio se rompe.

El silencio, roto, escapa por los ojos:
Lágrimas.
¡El silencio ha muerto!
Exclamas con la voz de tu hálito
sobre mi pecho.

Estoy sonriendo.


Estoy sonriendo,
aunque no se note detrás de estas lágrimas, 
estoy sonriendo.

Una risa callada por el silencio
ahogada por la tristeza
guardada en los pliegues de mi piel.

Sonrío, por el mar que se volvió arena (Desierto)
por la sangre que se volvió recuerdo.
Estoy sonriendo, detrás de esta lluvia
que fue cielo abierto.


Los lapices cantan 
bajo el compás del reloj.
La inspiración con olor a café
y color de luna.

¡Cuanta alegría hay en mi tristeza!
de mis letras con sangre de sueños.
El altar de mis plegarias,
oculta el deseo supremo: 
Tu muerte              .
Mi lápiz canta una elegía
frente al sepulcro.
La blanca dama
me lee tu epitafio
escrito en verso muerto
Adios...

jueves, 11 de abril de 2013

Agonía con una taza de café.



Agonía con una taza de café.

Y cae, como quien cae en el limbo.
En el limbo de los no nacidos,
los no nacidos, no culpables y culpados,
entierra su cara en el fango y se pierde.

sus ojos, que desde el cielo miran su desgracia, lloran.
llueve sobre su cuerpo,
vierte sus lágrimas en el vacío,
en ese espacio interminable que es su alma.

Sangra en medio de la selva y cojea,
ahora ya es presa, presa del mundo
que lo acecha y lo mata.

Su desprecio con su último hálito proclama,
injurias a cada mirada que refleja esperanza,
 esos sueños que de ser ciertos son pesadillas.

Entre furtivas sombras desaparece,
escupido y maldito.

Media noche.



Media noche.

Ahora, ya es mañana
y hace un minuto te pensaba, ayer.
Tu olor regreso a mi memoria,
de ese día lejano, tu recuerdo.

Te veo desde ahora,
bañada por el sol de medio día, ayer.
Hace tantas lunas te suspiro
y hasta ahora acude tu piel a mi oído
de la noche antigua, tu recuerdo.

Noche.



Noche.

Respira por mis poros, exhala por mis ojos,
la noche.
apabullante dama
que tiene por placer 
sostener mis parpados cansados
Entre las avenidas de las sombras, aparece, taciturna.
Yo la espero como siempre desesperado,
la luz de su mirada, apagada.
Tiene por encanto, la melancolía.
Su pasado, miles de suicidios.

Durante el día, la bella dama se esconde,
su belleza embelesa al brillo moribundo.

Su voz, el silencio eterno.
Su tacto, el frío escalofriante.

Sensual, me acaricia con su invisible mano,
seca mis lágrimas con rocío.

Yo la espero como siempre,
ella se larga de igual forma.

No me reconozco.


No me reconozco.

 "No intento todavía reconocer quien soy". 
A: Pier Paolo Pasolini.


¿Soy una ínfima parte de universo?
un átomo que escapa de la física.
¿Soy luz o sombra?
un blanco que se disipa en la memoria.

las lineas que se cruzan en el viento,
surcos imaginarios, vestigios de sueño.
Figura, que no es figura.
Viento, que no es viento.

No me reconozco,
porque no he sido soñado.
No me reconozco,
porque siendo olvido
nadie me olvido.





jueves, 28 de marzo de 2013

Sol Crepuscular.

Sol Crepuscular.

Amenaza desafiante en el horizonte,
posa sobre las cumbres su poderío,
retrocede ante su fuerza la oscura noche,
fulminado de muerte cae el frío.

Trompeta de conquista, el pico del gallo,
corte majestuosa las aves cantoras.
Entra en el palacio, el sol a caballo,
para morar siempre sobre nubes pasajeras.

Extiende su imperio a primeras horas,
el joven tirano que conquisto la tierra,
se rinden montañas, bosques y praderas.
En las cuevas se prepara la guerra.

Taciturna, escondida, espera la noche,
que el joven sol aplaque su ira,
gaste su fuerza con mucho derroche
para conquistar todo lo que su vista mira.

Autoritario, déspota, el señor sol gobierna.
Vencidos todos sus enemigos, coronado se encuentra,
en su trono de medio día, cree tener voluntad eterna,
de antañas victorias, mucho cansancio arrastra.

Cansada y muy débil la noche aguarda,
desde su escondite, observa, calla  y espera
que llegue pronto su oportunidad anhelada,
el instante en que el opresor todo su fuerza gastara.

El sol mengua su inmensurable fuerza,
en el ocaso de sus días de gloria.
Su aplomo de victoria, nubla su cabeza,
se baña de esperanzas ilusorias.

En el exilio, en el olvido,
la noche vislumbra su caída.
El espíritu que antes yacía decaído
se torna corpulento, vigorizante y lleno de vida.

La batalla se aproxima, en el aire se respira.
El viejo sol y la joven noche a su encuentro caminan.
Eternas, luchas eternas, el destino siempre gira,
glorias pasadas en el olvido terminan.

Derrotado, el viejo y cansado sol se esconde,
las hazañas pasadas acuden a su auxilio,
su impetuosa mirada, en el olvido se pierde,
languidece lentamente en el exilio.

Ahora reina la noche en su instante eterno,
abre sus brazos para acoger en su pecho,
a las almas bohemias de espíritu nocturno
que tienen el cielo por techo.

domingo, 24 de marzo de 2013

Insomnio.

Insomnio.

Se baña, el cielo negro de estrellas, 
de sonidos pausados reboza el vacío,
se impregna el ambiente de olor a universo,
de antañas batallas con el eterno silencio.

Sostienen, mis pesados parpados, 
la férrea voluntad de tu recuerdo,
punzantes destellos de luz oscura
que atraviesan el alma.

Grito salvaje que se ahoga sigiloso,
es mi reclamo que se exilia en el olvido.
Espero más allá de la frontera de los sueños
que caiga el imperio de la noche.

sábado, 23 de marzo de 2013

No se preocupen, voy a estar bien.


No se preocupen, voy  a estar bien.

A Santiago lo conocí a principios de mi conciencia, conciencia de existir; claro. Llegó un día a mi vida, así de pronto, sin aviso, sin antelación. Lo conocí por casualidad un día… o ¿una noche?, no lo recuerdo bien. Era, si mi memoria no me falla, mi viva imagen; mi espejo propio.
Al principio era lejano; era un diáfano reflejo de mí. Con el tiempo me acostumbre a su presencia, a su compañía, nunca hablábamos porque no era necesario, nos conocíamos demasiado. Él siempre reprobaba o aprobaba, según el criterio que aplicara para mis acciones, todo lo que yo hacía. Inseparables siempre, pero nunca juntos.
Nos vimos crecer, en un primer momento comenzamos a crecer juntos, a vivir nuestra vida que era la misma. Por esos años en los que por un destino irremediable llegamos a la adolescencia, yo abandone a mi eterno amigo, de hecho a mi único amigo. No lo recuerdo bien, comenzó de una manera bastante sutil, un par de horas sin acordarme de él, luego un par de noches, luego un par de días… etc. Él por su naturaleza romántica no dijo nada, me dejo abandonarlo y cedió al abandono, a la tristeza irremediable que supone sentirse solo.
Me vi una noche buscándolo en algún rincón de mis recuerdos y no lo encontré, solo entonces supe que lo había perdido, me sumí en un pequeño infierno que desde su ausencia se había ido formando alrededor mío. Ese fue el principio de mi decadencia, de mi fin.
A mis cortos años, la vida siempre es corta no importa los años que tengas, me sumergí en la tradición adolescente de experimentar los placeres que este mundo ofrece, esa vasta variedad de excesos llámense: alcohol, sexo, drogas… En fin, todo lo que un adolescente puede desear. Siempre tuve la costumbre del descontrol, ese día no fue la excepción.
Me encontraba reunido con un grupo de amigos (cuyos nombres son innecesarios) en una casa ubicada en un barrio de mi localidad, era la típica noche de exageraciones, en la pequeña mesa de aquella burda sala, se encontraba un gran y no muy delicado repertorio de bebidas, no era época de lujo y había que conformarse con vodka barato y cerveza local. Decidido a inventar una nueva clase de pecados, esperando a que la iglesia me los reconociera, me entregue por completo a ese vodka que estaba lejos de ser ruso, pero muy cerca de ser aguardiente (Made in El Salvador). Luego de un par de horas, la embriaguez me abrazo como una madre sustituta esperando a que te duermas, pero en ese instante vi en una esquina de la casa su figura; era inconfundible, parecía un adorno más de aquel lugar, nadie le prestaba atención. Me acerque como por inercia, lo miré y le dije:
—Parece que no te gusta el lugar, te ves aburrido, si querés te doy un trago.
—Ya sabes que no me gusta beber.
—Es un requisito beber en este lugar.
—Vine por vos, no por el alcohol.
Esta última afirmación disipo todo tipo de embriaguez que mi cuerpo pudiera sentir, un frío calambre me recorrió toda la espalda y mis mejillas se tornaron diáfanas. El silencio, ese tercer participante en un diálogo de dos, se hizo presente, una serie de emociones regían mi razón. Lo miré y algo de ternura se mezcló con un poco de odio; quería llorar, sin embargo él parecía inmutable en la esquina de aquella casa.
—He tomado una decisión — me dijo — y creo, ya que sos vos el mayor afectado, debes saber lo que he decidido.
Mi asombro no podía ser mayor, no podía imaginar que decisión de aquel amigo que no veía desde hace un par de años, pudiera afectarme particularmente a mí. Mi respuesta a su afirmación fue un completo silencio.
¿No te interesa saber que he decidido?  —pregunto.
Lo mire un poco molesto  y respondí —No imagino que decisión tuya pudiera afectarme.
—Sabía que te molestarías, te conozco demasiado bien, pues bueno, —prosiguió — luego de que prescindiste de mi compañía , me sentí un poco abrumado por el mundo, busque mi lugar y no lo encontré,  en ninguna parte, decidí entonces volver a mi origen, es decir a vos. No sabía cómo acercarme, te vi convertido en alguien que no esperaba que fueras, te seguí durante un par de meses y vi la manera como destruyes tu vida, tus errores yo los vi desde lejos, tus fracasos fueron mis fracasos, tus dolores eran mis dolores. Entonces comprendí que ya no podía volver a vos y tome una decisión y es por eso que estoy aquí esta noche.
Un sopor nos invadió a él y a mí, la música no cesaba, pero a nuestro alrededor se notaba cierta calma. Los demás se parecían excluidos de esa realidad tan aparte que manteníamos Santiago y yo. Respondí con un poco de ironía
— ¡No veo porque mi manera de vivir te afecte!
—Aunque no lo creas me afecta y mucho —respondió  Santiago—  me di cuenta que jamás volveríamos a estar juntos, que nos separaba una frontera imposible de traspasar. Mi vida ya no tiene sentido sin tu vida. Es por eso que tome la decisión que vine a informarte.
Una mueca de tristeza invadió el rostro de Santiago, parecía que rompería en llanto y yo temí hacer el ridículo frente a mis amigos, así que con disimulo puse mis brazos sobre su cuello y lo abrase, un poco sosteniéndome de él.
— ¿No lo has entendido verdad? — pregunto.
—No, aun no entiendo que tengo que entender  —respondí.
—Te he venido a decir que tomé la decisión de suicidarme  —me susurro Santiago al oído.
Mi primera reacción fue apartar mis brazos de su cuello, me sentí responsable y molesto por ser partícipe de una decisión tan absurda como lo es el suicidio, y me parecían irresponsables los motivos que Santiago alegaba como detonantes para llegar a esa decisión. Le reproche en mi mente que alegara que mi estilo de vida era la causa principal de aquella determinación de acabar con su vida, pero no dije nada, solo guarde silencio y trate de comprender a Santiago.
—No te mortifiques —me dijo —  está decisión es lo mejor para los dos, y si he venido a informártelo es porque quiero tu ayuda para llevar acabo mi  muerte.
Su mirada tan tierna solo aumentaba mis ganas de golpearlo, parecía que esa decisión lo alegraba y yo me molestaba más.
Su propuesta de que fuera parte de su suicidio me pareció lo más estúpido que alguien me hubiera pedido. Creo que él noto mi indiferencia a participar en aquel absurdo y agrego:
—No te podés negar, después de todo es lo menos que podes hacer por mí, la decisión ya está tomada y aunque no me ayudés la llevaré acabo, pero me gustaría que me ayudaras, en serio, me gustaría.
Su cara, su cuerpo, toda su esencia me parecía en absoluto tierna, delicada, frágil. Sus ojos tenían cierto encanto mágico, sus manos que ahora sujetaban las mías transmitían una sensación de entrega total. Entonces entendí que era yo el único que podía ayudarlo.
—Si ya tomaste la decisión, no me queda más que ayudarte — Respondí.
—Sabía que entenderías que es lo mejor para los dos — añadió.
De nuevo reanudamos el diálogo y me explico los pormenores de aquella empresa que pensaba llevar acabo esa misma noche. Dato que por cierto me tomo por sorpresa, pero ya había accedido a brindar mi ayuda y no podía retractarme. Me dijo que después de haber lo pensado mucho y haber investigado acerca de suicidios la mejor manera de hacerlos era con pastillas, ya que son menos exageradas, a diferencia de cortarse las venas o colgarse del techo, que suelen ser golpes demasiado traumantes para las familias que encuentran los cadáveres de quienes tomaron esas opciones. De más está decir que su decisión me pareció acertada.
Salimos de aquella casa, donde se desarrollaba aquel evento de placeres, alrededor de la media noche. Sin darme cuenta me vi caminando, junto a Santiago, en dirección a mi casa, que se encontraba a un par de cuadras de donde habíamos salido minutos atrás. El silencio que nos acompañaba me cerraba la boca y no podía expresarle a Santiago mi extrañeza al darme cuenta que no le había preguntado donde pensaba llevar acabo su romántico desenlace.
Me encontré frente a la puerta de mi hogar y sin necesidad de que Santiago me lo dijera  me di cuenta de sus intenciones:
—Parece, además de lo que ya me habías dicho, que lo tenías todo calculado; hasta el lugar — le dije.
—Me da gusto que te hayas dado cuenta, me ahorrare las explicaciones —me dijo — no te preocupes dejare una nota, no tendrás problemas,  es que tu casa siempre me pareció un buen lugar para morir.
La madrugada nos alcanzó de pronto; sin aviso, nos dimos cuenta entonces que deberíamos de darnos prisa. Santiago se encontraba acostado en la cama de mi habitación, sin decir una palabra, callado como meditando, entonces rompió el silencio y me dijo:
—Creo que llego la hora, no quiero estar vivo cuando el sol salga este día —añadió — en el bolsillo de mi sudadera traigo un botecito blanco bastante pequeño, ¿me lo alcanzas por favor?
Me acerque a una pequeña mesa que se encuentra cerca de mi cama, donde a veces suelo escribir, para buscar el botecito que Santiago me había pedido. Me pareció curioso entonces que la sudadera de Santiago fuera idéntica a la mía, sin embargo, no preste atención y del bolsillo derecho de aquella prenda extraje lo que me había pedido. Camine unos paso y alargue mi mano hacía Santiago quien tomo el pequeño botecito blanco y lo estrecho en su huesuda mano.
—Necesito agua para bajarlas.
Camine hacía la cocina y regrese con un vaso lleno hasta el borde de lo que sería su última bebida: agua. Lo puse cerca de su alcance y me quede observando aquella escena que parecía irreal.
—Siempre hay un poco de calma minutos antes de la muerte — pensé.
Mi amigo quien yacía en la cama se encontraba con una tranquilidad insoportable. Yo esperaba que en cualquier momento  desistiera de llevar acabo aquella acción, sin embargo a cada minuto que pasaba me daba cuenta de que ese final ya estaba  escrito.
—Se me olvidaba algo — dijo con voz débil.
— ¿Qué? —respondí extrañado.
—La nota, tonto.
Busqué en la gaveta de mi mesita de noche un papel y un bolígrafo y lo deje sobre la mesa. Santiago se levantó, se acercó a la mesa, agacho un poco la espalda y comenzó a escribir. Yo me encontraba justo detrás de él por lo que podía observar cada letra que plasmaba en aquel papel, solo cuando de nuevo volvió a colocar el bolígrafo, que por cierto era negro,  sobre la mesa , volví a mirar el papel para leer lo que había escrito. Eran pocas palabras, estaba lejos de ser una carta de suicidio, donde se coloca una inagotable lista de letanías de los motivos que llevan a cualquiera a un suicidio , esta nota era diferente, su contenido era simplemente una oración, una simpe y llana oración que rezaba así:
¨No se preocupen, voy a estar bien¨
— ¿Es todo lo que vas a escribir? — pregunte.
—No necesito escribir nada más, los demás entenderán mis motivos.
—Es tu decisión— le dije.
—Nuestra decisión— añadió.
Entonces vi en su mano la dosis que acabaría con su obra, con su vida. No me di cuenta en que momento abrió el botecito blanco y saco las ocho pastillas que ahora se encontraban en la palma de su mano. Las colocó en su boca y tomó el vaso con agua que bebió apresuradamente. L a escena final había concluido, no recuerdo exactamente  qué hora era, porque el tiempo había dejado de importarme. Lo vi de nuevo tan  tierno y dulce en esa cama, que parecía una de esas realidades que asemejan un sueño, recordé toda nuestra niñez juntos, y el tiempo que no estuvimos juntos. Una melancolía extraña me invadió. Una mezcla de tristeza y felicidad se hacía presente. Santiago volvió a verme y me dijo:
—Quiero morir con vos a mi lado. Dormí conmigo.
Me acerque a la cama y me acosté. Nos abrazamos y nos tomamos de la mano. Yo no podía dejar de ver esos ojos verdes que lentamente se iban cerrando.  Sentí entonces como la piel  dejaba atrás el calor y se ponía fría como el hielo. Sabía que la muerte lo había alcanzado, no recuerdo en que momento me quede dormido, a su lado por supuesto.
Un fuerte golpe que alguien le propino a la puerta de mi habitación me despertó.  Aun soñoliento respondí que me dejaran dormir un poco más, aun no quería separarme de Santiago que estaba junto a mí, ya no tomados de la mano, pero si durmiendo lado a lado. Lo vi con una paz en su rostro, que cualquiera pensaría que estaba dormido, una sonrisa se dibujaba en sus labios que se encontraban secos, muertos.
Alguien tiró la puerta de mi habitación y entró corriendo. Su reacción fue predecible, el llanto, sollozos, gritos, etc.
Me encontré en una habitación rodeado de mis más cercanos amigos. De nuevo me pareció curioso y de sobremanera extraño que siendo Santiago quien yacía muerto sobre mi cama, fueran mis mejores amigos los que llegaron primero a la escena.
Por más que trataba de calmar a todas las  personas que se  encontraban dentro de mi habitación, nadie me escuchaba, nadie me veía, nadie se daba cuenta de mi presencia.
Alguien tomó de mi mesa de noche la nota y leyó, como quien lee en voz alta para un público atento, las palabras que Santiago había escrito. Al terminar la lectura, quien leía tiró la nota.
El papel cayo justo delante de mis pies, agache la mirada y observe de nuevo lo escrito.
Un terror indescriptible recorrió cada átomo de mí ser, las palabras estaban escritas con mi letra, no cabía duda era mi letra, jamás podré olvidar aquellas siete palabras escritas escritas en aquel papel: No se preocupen, voy a estar bien.

FIN.





                                                                            

 


Una tarde cualquiera.



Una tarde cualquiera.

 Nos duele mucho nuestra distancia -le dije.
 Aquella tarde de agosto parecía casi perfecta, excepto por el viento que siempre me pareció
un mal presagio para los reencuentros. Un año antes lo había visto por última vez en aquella cama en la que nos despedimos. Aun lo recuerdo con las lágrimas en el rostro pronunciando las últimas palabras que fueron para mí.
Nuestra suerte estaba echada antes de darnos cuenta. Si tal vez nos quisimos fue por un instante, pero ambos sabíamos que no era un instante eterno.
Lo invite a uno de mis vicios que creí tontamente que aun compartíamos, de mi bolsillo derecho saque la cajetilla de cigarrillos que siempre me acompañaba. Cogí un par y le ofrecí uno, con una sonrisa en mis labios, el respondió, un poco apenado, que lo dejo un par de meses después de habernos dicho  Adiós. Consternado guarde uno de los cigarrillos que estaban en mi mano y lleve el otro a mis labios, de mi bolsillo izquierdo saque un encendedor y comencé el ritual de fumar sin darme cuenta que fumaba.
Estás un poco cambiado -le dije- te recordaba un poco más alto, pero a lo mejor son cosas del tiempo. Vos no has cambiado nada -respondió- aun fumas como si la vida se te fuera en cada cigarrillo.
Un silencio melancólico nos invadió. Para no perder el encanto de aquel momento, lo
invite a sentarnos en una grada de aquella universidad que muchas veces nos vio
Sonreír. Luego de sentarnos me dijo, quizá para romper ese cristal diáfano que nos e
separaba, es un gusto volver a hablarte sin peleas ni rencores. Solo pude pronunciar:
-el pasado es pasado.
Comenzé a sentir un ardor en mi garganta, me di cuenta entonces que del cigarrillo
que encendí solo quedaba una colilla. La gente pasaba sin prestarnos la menor atención
, quien pensaría que nosotros dos tenemos una historia cuando ni siquiera podemos
mantener una conversación.
Tengo que decirte algo que sonara extraño, teniendo en cuenta el tiempo que ha pasado -le dije.
Decímelo: si algo recuerdo bien de vos, es que nunca te gano la pena, bueno al menos conmigo. Sonrió de una manera tonta y guardo silencio.
Yo por mi parte trataba de encontrar las palabras adecuadas para decirle lo que tenía en mente. En ese momento comprendí  que los sentimientos no se dicen con palabras.
Te he extrañado mucho -exprese. En una voz que no era mía, Sonó tan vacío, que hasta a mí me parecieron falsas mis palabras.
Los dos segundos que tardó en responder, parecieron eternos en el sopor de aquel momento mágico. La tarde se había vuelto una mezcla de melancolía y tristeza.
Tal vez no me creas, pero yo te he extrañado más -respondió. Sus palabras fueron tiernas, un poco dulces y tristes. Lo miré y recordé aquel joven que conocí una tarde de aquellas en las que por casualidad se cruzan dos caminos que no estaban destinados a encontrarse. El destino es rencoroso y vengativo, nunca le deja nada al azar -pensé.
Lo recordé con los mismos ojos color café, tez blanca; atacada un poco por la implacable fuerza de nuestro sol, las mismas manos tersas; que tantas veces besé cuando nos amábamos, la misma voz; que me enamoraba al escucharla. Parecía el mismo, sin embargo, no era el mismo, ambos éramos dos desconocidos con recuerdos en común.
Él sonrió y me dijo: -porque me ves tanto.
Trato de recordarte - respondí. Es fácil -replico- pensá que una vez me amaste y me recordaras.
En mi corazón buscaba ese sentimiento que llame amor en un pasado no tan distante, pero por más que lo intentaba simplemente no lo encontraba. En la mente el tiempo nunca pasa de la misma forma que en la vida real.
Repasé en mi memoria toda nuestra historia y solo entonces aprendí la segunda lección que la vida me enseño ese día:
-Nunca debí llamarle amor a la necesidad de estar con alguien.
De golpe me di cuenta que la soledad se reía de mí, el sentimiento que despertó  cuando lo vi esa tarde de agosto simplemente fue una ilusión, un recurso para abandonar mi soledad.
Reconocí en ese instante al sujeto que se encontraba junto a mí. Apareció de la nada sentado conmigo en una grada de aquella universidad, sonreí satisfecho por aquel momento.
Porque sonríes, pregunto el sujeto que estaba sentado a mi lado. Porque ya me acorde de vos- le respondí un poco taciturno- Eres un recuerdo -le dije.
Ayudado un poco con el viento tome mis libros y me levante. Le sonreí tiernamente y alargue mi brazo hasta que mi mano estuvo al alcance de su mano. El hizo lo mismo, sentí como su dedo anular se encajaba en mi dedo anular hasta darnos un apretón y terminar con el abrazo que ambos merecíamos. Le susurre al oído, -hasta el próximo año. Sonrió y
Respondió -ya lo sé.


Poesía.

Poesía.

Entre cada parpadeo te encuentro, inmóvil,
sollozante, a la espera del silencio.
En la oscuridad encuentras refugio
del fuego que consume.

Aparece del brillo de tus labios la palabra,
la sentencia, el castigo,
Se encuentran en tus gestos el encanto, 
el desenfreno.

Y sin embargo, te pienso bella,
como la flor que nace alimentada por el rocío.
Como el sol que baña el horizonte 
cuando la noche muere.
Te pienso como la salvación 
de la miseria que me acompaña.

Verdadero amor.

Verdadero amor.

De mi ojo aun escurre una vaga mirada hacia vos,
mi boca aun vomita un par de besos tuyos,
en mi piel tengo el sarpullido que me dejaron tus caricias
te pienso con repugnancia, con deseo infame.

Más vale tu lengua en mi boca que en otra boca, 
maldito el que bese tus labios aun tan míos,
se pudra tu piel en sus hediondas manos,
que encuentre la muerte en el amor que te profese.

Mirá el cielo esta pariendo estrellas,
como la noche que fuimos uno
y manchamos de sangre la tierra

Escuchá al viento susurrando obsceno,
el invisible cómplice-testigo 
de este amor eterno.+

jueves, 14 de marzo de 2013

Nuestra condena.

Nuestra Condena.

En mi día siempre apareces,
taciturno es tu recuerdo.
Cuando el alba nace en el horizonte
te ocultas con miedo en algún lugar de mi memoria,
ahí te encuentras inmóvil, esfinge eterna.
Tu mirada altiva se encuentra a la espera
del crepúsculo, el escenario idóneo 
para tu triunfal retorno de mi hades interno.

Siempre me reprochas a tu regreso,
porque, sin ayuda de dioses ni de demonios 
hice de mi vida un infierno.

Dos condenados. Fui tu verdugo y mi verdugo 
te condené a ser recordado y me condene a recordarte.

Tu, taciturno recuerdo, hueles a melancolía 
quieres ser olvidado,
cada noche me acompañas y me lo recuerdas.

Quizá tu pena se eterna, pero te aseguro
no sera más larga que la mía.

Olor.

Olor.

No fue un dolor, sino un dolorcito
el que me dejó tu olor en el pecho,
no fue un golpe, sino un golpecito 
el que causó el dolor que ahora siento.

Porque te amaba, pero también te quería.
No estoy triste, pero te extraño,
extraño, si bien es cierto,
ese olor lleno de recuerdos.

Devuelveme esa fantasía, ese sueño,
de sentir en mi cama
el olor a amor eterno.

No sentí cariño por vos, ni por tu recuerdo,
sentí cariño ese mismo día del olor,
del olor de tu  sangre fría.

Porque te amo.

¡Porque te amo!

¡Porque te amo! En recuerdos lúcidos 
de un pasado muy presente,
entre cada segundo que sucede durante el día
guardo tiempo para amarte.

Entre cada mirada veo el reflejo de tu alma
inmortal y eterna.

En cada invierno tu piel se baña 
con mis lágrimas.
En cada verano el viento susurra mis palabras
y las arrastra hasta tus oídos.

Resplandece el alba con dos soles 
que florecen en el horizonte.
Despiertan volcanes 
con cada palabra que emana de tu boca.

Cueva de vida es tu cuerpo,
espíritu rebelde,
como el mar durante la tormenta,
olas salvajes tus curvas.

¡Porque te amo!
en cada crepúsculo de un futuro lejano.



















Acto de amor.

Acto de amor.

Recorrí con placer obsceno las lineas de tu cuerpo,
no existía frontera que separará tu piel de mi piel,
el olor de tu cabello impregnaba misticismo al ambiente,
al pudor le cerramos la puerta y  se la abrimos al desenfreno.

El viento que sopla del norte nos incita al vaivén,
la luna nos acoge en su seno,
el cielo nos da su aporte con gotas del infinito y vasto universo
que mojan el lecho de flores y tierra donde reposas.

La noche, con su oscuro manto nos protege
de miradas que no comprenden.
Inhalo tu hálito que me quema y consume,
me fulminas con miradas de ojos soñadores.

El cielo me hiciste conocer luego del infierno.
Irrumpí en tu sagrado templo con ira y reverencia,
mis ojos se apartaron de tus ojos eternos
¡Ahora somos uno: cielo, tierra y universo!



Coffee.

Coffee.

¡Amargo, sabor amargo¡ 
Quemas pensamientos malsanos,
fiel compañero del insomnio,
amigo en medio del verano.

Penetras en mi escuálida conciencia
despiertas sentimientos sobrehumanos,
ferréa es tu naturaleza 
forjada en las montañas lejanas.

Del frío nació tu alma
que se consume en el infierno,
al viento tus sabores,
al viento tus olores.








Momentos como estos la soledad se vuelve insoportable, el aire se disfraza con tu olor, el día se torna una imagen imborrable de tu rostro ¡Y como escapar¡
si mi mente se ha vuelto mi enemiga y mi cuerpo el traidor de mi alma.