Aliento cetáceo, la brisa marina
que sopla del norte.
Mientras allá en el horizonte
se esconden las sirenas.
Viene su eco buscando mi oreja
para llamarme: Cobarde
por no lanzar mi animal cuerpo
a nuestro inevitable encuentro.
Hálito de Poseidón tocando en la oscuridad
mientras caracoles se esconden bajo la piedra
implorando misericordia, implorando piedad.
Como cualquier cobarde, no importa dónde
viene la implacable fuerza del mar
a hacerles pagar las súplicas imperdonables.
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