Nuestra Condena.
En mi día siempre apareces,
taciturno es tu recuerdo.
Cuando el alba nace en el horizonte
te ocultas con miedo en algún lugar de mi memoria,
ahí te encuentras inmóvil, esfinge eterna.
Tu mirada altiva se encuentra a la espera
del crepúsculo, el escenario idóneo
para tu triunfal retorno de mi hades interno.
Siempre me reprochas a tu regreso,
porque, sin ayuda de dioses ni de demonios
hice de mi vida un infierno.
Dos condenados. Fui tu verdugo y mi verdugo
te condené a ser recordado y me condene a recordarte.
Tu, taciturno recuerdo, hueles a melancolía
quieres ser olvidado,
cada noche me acompañas y me lo recuerdas.
Quizá tu pena se eterna, pero te aseguro
no sera más larga que la mía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario