jueves, 11 de abril de 2013

Agonía con una taza de café.



Agonía con una taza de café.

Y cae, como quien cae en el limbo.
En el limbo de los no nacidos,
los no nacidos, no culpables y culpados,
entierra su cara en el fango y se pierde.

sus ojos, que desde el cielo miran su desgracia, lloran.
llueve sobre su cuerpo,
vierte sus lágrimas en el vacío,
en ese espacio interminable que es su alma.

Sangra en medio de la selva y cojea,
ahora ya es presa, presa del mundo
que lo acecha y lo mata.

Su desprecio con su último hálito proclama,
injurias a cada mirada que refleja esperanza,
 esos sueños que de ser ciertos son pesadillas.

Entre furtivas sombras desaparece,
escupido y maldito.

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