sábado, 10 de mayo de 2014

EL PRECIO DE LA MUERTE: LA UNIVERSALIDAD EN ROQUE DALTON


“Pronuncia mi nombre
cuando sepas que burlé la muerte”
Jorge Canales.


Once letras en la historia salvadoreña la revolucionaron para siempre: Roque Dalton. Hace 39 años, un día como hoy, día de las madres, muere asesinado el hombre que escribiera aquel «poema de amor», el primer himno salvadoreño de los de abajo, los ofendidos.
Aún no defino por qué escribo estas letras, quizá por una deuda, quizá por deber a la memoria, quizá por mi relación amor/odio con mi país; con su gente, que aún hoy, después de la guerra, continúa matándose; por sus nuevos y modernos esnobismos, por sus acomodados y decadentes representantes de la «modernidad poética», quizá por eso y muchos otros «quizá» escribo estás líneas.
No, Roque no siempre fue tan feo como ahora es: caricaturizado por los esnobistas de la poesía, por el forzamiento del poema bajo el esquema roqueriano, por el uso indiscriminado de su nombre e imagen como propaganda.
La universalidad de Roque es un precio que pago con orgullo para vergüenza de sus asesinos y regocijo de muchos otros que lo querían muerto, pero se pudrieron viendo crecer la eternidad del poeta Roque Dalton.
Tuve la suerte de conocer a Roque por ignorancia ─era estudiante de una escuela pública y ya sabrán a lo que me refiero los que tuvieron la suerte o desgracia de estudiar en una─. Un profesor de sociales llevó un legajo de libros aleatorios entre los cuales, sin yo conocer nada acerca del autor, escogí un libro titulado «Roque Dalton, La ventana en el rostro». Debo confesar que no era un ávido lector de poesía, pero ese primer poema suyo que leí «estudio con algo de tedio», me salvó de admirar la caricatura revolucionaria, que luego descubrí, habían convertido al poeta Roque Dalton.
Admiran algunos a Roque por su poesía política. Yo lo admiro por lo que en sus propias palabras dijo: «Porque antes, muchísimo antes que poetas somos hombres». Detrás de todo adjetivo: revolucionario, poeta, novelista, ensayista, está Roque el hombre, el humano. Nos lego el testamento mas sincero de un hombre: el compromiso para con su arte y no con el arte. Su arte era la sensibilidad con la que concebía el mundo, el dolor de la realidad salvadoreña de la época, ¿no es esa la mayor enseñanza que nos legó: la entrega, el compromiso, el valor? No nos dejó un esquema poético, como algunos pretenden hacernos creer, nos legó el deber y el derecho a una revolución. Roque era inconforme y por lo tanto rebelde, Roque aspiraba al absoluto, Roque era incómodo porque siempre resulta incómodo lo que no se logra comprender.
Recién encontré estás palabras de Fabio Castillo en relación a Roque, quiero trasladarlas a estas mis líneas: «Era difícil para esas personas entender la inteligencia de Roque. Eso no les gusta a las personas que no tienen igual nivel de capacidad y comprensión». ¿Qué capacidad y qué comprensión? Me pregunté inmediatamente a leerlas y me respondí: que pocos, como él, atisbaron a hacer suya una realidad convulsa como la salvadoreña y comprender que se debía hacer algo.
Su muerte fue un tema de novela: un grupo de hombres seducidos por los celos, asesinan a su compañero con la justificación de estar haciéndolo por el bien común de la lucha revolucionaria. Toda una novela. Pero más allá del personaje de Roque Dalton está el ideal de hombre que nos legó, el superhombre comprometido.
Luis Alvarenga dijo las siguientes palabras: «Creo que a Roque si no lo matan en el 75, lo matan después porque siempre era incómodo, ese tipo de inteligencia es un lujo que este país no ha permitido darse». Ser rebelde hasta ante nuestras propias convicciones fue el otro mensaje del hombre-humano Roque. Murió por rebeldía, pero no por una rebeldía sin causa, sino precisamente era la causa de la rebeldía por la que murió, la causa de la verdad y para buscar la verdad uno debe, necesariamente ser rebelde, rehuir al sentirse cómodo.
Se publicó una antología poética en honor a Roque Dalton ─se debía desde hace mucho─ la titularon «A la izquierda del corazón». En el prólogo a cargo del Dr. Luis Melgar Brizuela se cuestiona: « ¿Quién sería él ahora, en 2014, a sus 79 años: un Vice-Ministro de cultura, un Embajador en Europa, un director de la Biblioteca Nacional?». Yo me cuestioné al leer esas líneas: ¿Quién es ahora Roque Dalton? Dalton es, para los que concebimos su poesía de hombre y no el nombre de Roque Dalton en su poesía, la entrega al martirio en la palabra, el compromiso social para con nuestra sociedad, el recuerdo de la traición amiga, la renuncia al esteticismo poético, el verso como fuente de vida. Eso y mucho más significa Roque Dalton para mí un joven poeta.



Pd: ¡Pobrecito Poeta que es y era Roque, pero que grande es en la nimiedad de esta efímera existencia!

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