viernes, 26 de julio de 2013

Te besaré los labios para que valga la pena.

Cuando vea tu alma
quedaré ciego.

Cuando toque tu cuerpo y
mis manos desaparezcan
te besare los labios 
para que mi muerta
valga la pena.

Yo estaré esperando.

Cuando la luz abandoné al mundo,
yo estaré esperando convertido en alguna sombra.
Cuando el agua se haya ido para siempre,
yo estaré esperando en la hierba marchita.

Yo estaré esperando 
cuando te des cuenta
que ya nadie te espera.

Poema de media noche.

El aire pesado es un suspiro
que te guardé en mi pecho
ahora brota por mi boca
una palabra ingrata.

Amor de media noche...
No me dejes solo
que este sea el sueño
con el que todos soñamos.

Animales salvajes que la boca besan
estrellas fugaces que llegan a la frontera de los labios
con una lágrima de recompensa.

No me dejes amor de media noche
que tu indomable sentimiento
recorra mis desiertos.
Que encuentre en mi ser los oasis
¡que no muera en las arenas del tiempo eterno!

Dama sin nombre.

Seres sin conciencia -animales de la nada-
se adentran en el territorio prohibido: La noche.
Se acobijan del sórdido abrigo del silencio.

Caminan por los senderos de la muerte, sin temerla.
Juegan con sus cabellos oscuros
bañados con la ya extinta luz del día.

El hogar inocuo 
de las almas desterradas del paraíso.
Este cielo, mi cielo, mi infierno.

¿Quién perturba esta paz?
¿Mi sangre fluyente de poesía?
¿Mi espíritu negándose a la esperanza?

Allá aguarda el crepúsculo
más allá de la frontera del olvido.
Tu memoria, mi memoria, ya no existe.

No somos cuerpos, sino aliento
de la dama sin nombre que nosotros llamamos: Noche.

sábado, 20 de julio de 2013

El mar a media noche.

Aliento cetáceo, la brisa marina
que sopla del norte.
Mientras allá en el horizonte
se esconden las sirenas.

Viene su eco buscando mi oreja
para llamarme: Cobarde
por no lanzar mi animal cuerpo
a nuestro inevitable encuentro.

Hálito de Poseidón tocando en la oscuridad
mientras caracoles se esconden bajo la piedra
implorando misericordia, implorando piedad.
Como cualquier cobarde, no importa dónde 
viene la implacable fuerza del mar
a hacerles pagar las súplicas imperdonables.